Desde pequeña, su amor por el diseño de moda coexistió con su pasión por la danza, y con el tiempo logró fusionar ambas disciplinas para crear piezas que no solo visten el cuerpo, sino que dialogan con él en el escenario.
Actualmente, Greta es bailarina y dirige su propia marca de diseño, donde crea vestuarios que reflejan su sensibilidad artística y su formación en ballet. En entrevista, nos comparte cómo ha sido su camino en el mundo de la danza, los retos de ser una artista en México y la importancia de construir una carrera que combine el arte con el emprendimiento.
¿Recuerdas el momento en el que supiste que querías dedicarte a la danza y al arte en general?
Siempre surge la pregunta: “¿De qué vas a vivir?”. Sin embargo, con el tiempo, mi familia se fue involucrando cada vez más en el arte y en lo que hago. Siempre he contado con el apoyo de mis papás, quienes, aunque al principio un poco dudosos, han estado a mi lado en todo momento, respaldando mi camino en las artes. Ellos han sido una base fundamental en mi trayectoria en la danza. Ahora, comparto mi pasión por la danza y el arte en general con ellos y con todas las personas que me rodean.
¿Cómo comenzó tu amor por la danza y el diseño de moda?
Cuando era pequeña, mi idea no era dedicarme a la danza, sino al diseño de moda. Me encantaba dibujar, imaginarme vestidos… Después de un tiempo, me di cuenta de que no podría estudiar diseño de moda como tal porque mi amor por la danza creció exponencialmente. Cuando entré a la carrera, descubrí que podía llevar ambas disciplinas de la mano. Empecé a estudiarlas a la par: durante los cinco años que estudié danza, también diseñaba cosas para mí, para mis compañeras u otras personas. En algún punto dije: “Esto es lo que soñé toda mi vida”. Poder compaginarlo de esta forma es muy gratificante.
De todas las disciplinas en las que te has formado, ¿hay alguna que sientas más cercana a tu esencia como artista?
Ambas son un complemento. Física y espiritualmente, me siento más conectada con la danza, mientras que la estética del diseño de moda la enriquece. Todo surge de mi amor por la danza y el movimiento. El resultado es crear con los recursos disponibles para transmitir una idea al público de la mejor manera posible.
¿Qué llegó primero a tu vida: el diseño de vestuario o la danza?
La danza y la moda se sirven como inspiración la una de la otra. Muchas veces he comenzado proyectos desde la moda porque, por ejemplo, veo alguna tela en específico y, a partir de ella, imagino un movimiento en particular. Ahí nace una serie de ideas que desembocan en una coreografía o en una idea puntual. Me inspira mucho analizar el movimiento e imaginarlo con un vestuario. Es como pensar: “¿Qué idea generaría en el espectador utilizar esto?”. Se puede partir de ambas para hacer arte y combinarlas.
¿En qué momento decides arrancar de lleno con tu marca personal?
Comencé hace cinco años con una idea que surgió a raíz de la pandemia. Ya sabía coser desde antes, pero sentí que podía experimentar mucho más, así que abrí mi cuenta en Instagram. Empecé con prendas pequeñas y les hice algunas sesiones de fotos. A partir de ahí, muchas personas comenzaron a pedirme si podía diseñar vestuarios para diferentes proyectos. A base de trabajo duro y recomendaciones de otras personas, logré llegar a más gente.
¿Cómo ha evolucionado tu forma de entender la danza y el diseño de vestuario?
Al inicio, como toda persona que está comenzando en la danza, buscas tratar de imitar imágenes que ves a lo largo de tu preparación: la bailarina en puntas, por ejemplo. Durante el tiempo que he practicado, me he dado cuenta de que la danza trata más de encontrarte a ti misma a través de ella. Es un mundo muy grande y todos los cuerpos son diferentes. Lo más importante es sentirte bien con lo que haces y sentirte plena con cómo te ves y cómo te sientes. Es un largo recorrido en el que te vas descubriendo a través de diferentes disciplinas.
¿Hay algún director, diseñador o coreógrafo con quien te gustaría trabajar en el futuro?
Desde el principio, es clave tener a alguien que te inspire. En mi caso, fue mi primera maestra de ballet, Nidia, quien me enseñó a amar la danza y a cuidar de mi cuerpo. También he contado con el apoyo de mis papás, que siempre me impulsaron a mejorar, a levantarme temprano y a superar el cansancio. A lo largo de mi trayectoria, mis maestros, amigos y el público que conecta con mi danza han sido fundamentales. Todas estas personas me han marcado e inspiran a seguir mejorando y trabajando en mi arte.
¿Cuáles son las diferencias entre diseñar para producciones cinematográficas y para danza?
Aunque pareciera que son cosas muy similares, porque al final lo que uno intenta es recrear una escena, la realidad es que son totalmente diferentes. En la danza, lo más importante es que las telas permitan el movimiento. En ámbitos como el cine y el teatro, hay más libertad al momento de elegir los materiales con los que se va a trabajar. Por ejemplo, mientras que en ballet es casi obligatorio el uso de licra para garantizar elasticidad y ajuste, en cine se pueden escoger materiales más experimentales sin preocuparse tanto por la movilidad.
El diseño de vestuario no suele recibir tanta atención. ¿Cuál dirías que es el impacto subestimado de este departamento?
El vestuario en cine me parece una pieza fundamental. Muchas obras cinematográficas se destacan precisamente por su vestuario. Es necesario analizar cómo los personajes evolucionan a lo largo del relato, y la responsabilidad del diseñador es plasmar esa transformación de manera progresiva. Imagina la importancia de hacer una planeación y un análisis detallado como artista para lograr un buen trabajo. Todo el panorama del personaje debe servir como referencia para tomar decisiones sobre los materiales, colores y formas que se van a utilizar.
¿Cuál es el trabajo que realizas actualmente además del diseño de moda a través de tu marca personal?
Soy bailarina de la Secretaría de Cultura y Turismo del Estado de México, llevando arte y cultura a comunidades y creando obras para públicos exigentes. El reto es la disponibilidad mental y física, ya que, aunque a veces el resultado es gratificante, no siempre las condiciones o la conexión con el público son las mejores. Todo se resume en la constancia: prepararte cada día para ser una mejor bailarina, artista y persona.
¿Cuáles crees que son las claves para que un artista también sea un buen empresario?
Como artistas, a veces queremos enfocarnos únicamente en crear. Nos sumergimos tanto en eso que de repente nos damos cuenta de que no hemos salido en más de un mes. Es muy importante aprender sobre economía, finanzas y administración. Eso te ayuda muchísimo a que tu creatividad no se disperse en todas direcciones, sino a poder enfocarla estratégicamente.
¿Cómo visualizas la evolución de tu marca y tu carrera en los próximos años?
Me gustaría seguir trabajando con bailarines y artistas locales, como lo he hecho hasta ahora. También quiero colaborar con artistas a nivel nacional, seguir difundiendo mi marca para que más personas conozcan mi trabajo y llegar a más producciones cinematográficas. Me encantaría cubrir proyectos dancísticos en la Ciudad de México, por ejemplo. Creo que la clave es no soltar mi trabajo como bailarina y continuar fortaleciendo todo lo que hago con mi marca.
¿Cuáles son los proyectos en los que nuestros lectores podrán ver tu trabajo?
Sigan @culturaenmovimentoedomex para conocer las actividades del grupo de danza regional del Edomex. También pueden seguirme en @greta.arriaga y mi marca @margaretta.design.